«Otello», de Gioachino Rossini.
Gregory Kunde, Olga Peretyatko, Juan Diego Flórez, José Manuel Zapata, Maria Gortsevskaya. Coro de Cámara de Praga. Orquesta del Teatro Comunale de Bolonia. Dirección musical: Renato Palumbo. Dirección escénica: G. del Monaco. Adriatic Arena, 14–VIII–2007.
Hay pocas óperas como el «Otello» de Rossini que cuenten con tres papeles principales para tenor, lo cual puede convertir la representación en una verdadera lucha por conseguir la aclamación del público. Esto fue lo que ocurrió el pasado martes en el Festival de Pésaro. La representación iba discurriendo por los cauces de la más absoluta corrección hasta que durante el acto segundo, el tenor peruano Juan Diego Flórez (intérprete de Rodrigo, el rival del protagonista por el amor de Desdémona) atacó su aria «Che ascolto! Ahimè, che dici», lo que provocó el delirio del público. Pero el norteamericano Gregory Kunde (a quien siempre le toca lidiar los peores toros) no estaba dispuesto a dejarse achantar, y dejó bien claro quién era el titular de la ópera, con una exhibición de agudos y una firmeza en los ataques desconocidas en él. En el papel de Cassio estaba previsto el regreso del veterano Chris Merritt, pero una enfermedad le ha obligado a abandonar las funciones después del estreno, a quien ha sustituido por el granadino José Manuel Zapata, que se defendió con mucha valentía y perfecto estilo. Una auténtica sorpresa fue la soprano rusa Olga Peretyatko, una Desdémona de muchos quilates por su dominio de la coloratura, la seguridad de los sobreagudos y, sobre todo, su vivencia del infortunado personaje. En los papeles menores destacó la cálida Emilia de la mezzosoprano Maria Gortsevskaya. La anterior producción de la obra databa casi de hace dos décadas, y entonces Pier Luigi Pizzi decoró el drama con una de sus más hermosas escenografías. La nueva producción de Giancarlo del Monaco, que hacía su presentación en el Festival, es radicalmente opuesta. El coro, una masa roja El director de escena italiano ha situado la acción en un opresivo paisaje surrealista lleno de puertas sobre las que está pintado un mar a lo Magritte, que se abren y se cierran a modo de pesadilla de Desdémona, quien finalmente encontrará en una de ellas su ataúd (en esta edición se ha decidido utilizar el final trágico y no el feliz, con la muerte de los dos protagonistas, con lo que la ópera gana infinitamente en cuanto a vigor teatral). Hay momentos particularmente bellos, como las apariciones del coro en unos podios laterales a modo de gran masa roja que comenta la acción, mientras que toda la producción revela un minucioso intento por dotar de verosimilitud psicológica a los caracteres. Al frente del excelente Coro de Cámara de Praga y una magnífica Orquesta del Teatro Comunale de Bolonia, Renato Palumbo supo crear un auténtico drama, además de contribuir a la siempre agradecida fiesta vocal rossiniana.
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